Foro Alternativo Mundial del Agua

El señor Peter Brabeck, presidente de Nestlé, preconizaba el 10 de mayo último en Ginebra la creación de una “bolsa del agua”, que contribuiría, según él, al mismo título que las existentes para las otras materias primas, a regular el problema de las penurias de este bien precioso. Una locura, inmediatamente denunciada por Riccardo Petrella, para quien “la creación de una bolsa del agua significaría la total confiscación a los pueblos de la Tierra de un bien común insustituible para la vida”.

“El primer lugar donde la cosa debería considerarse, según el presidente de Nestlé, es la provincia canadiense de Alberta, donde se corre el riesgo de una concurrencia particularmente fuerte entre los agricultores y las compañías petroleras.

Los agricultores efectivamente necesitan el agua para sus cultivos, mientras que las compañías petrolera utilizan para la explotación de las arenas bituminosas cantidades de agua mucho más importantes que para los demás tipos de yacimientos petrolíferos.

Nestlé está considerando con el gobierno de Alberta una bolsa del agua, ha precisado Peter Brabeck.

Alberta ha procedido a una primera etapa distinguiendo los derechos territoriales de los derechos al agua, de modo que poseer una tierra no da derecho automáticamente al agua que por ella discurre.

Peter Brabeck cita también el ejemplo de Omán, que dispone de un sistema de bolsa del agua que se remonta a varios miles de años, y señala que el fuerte aumento de la cotización del petróleo, que en abril ha sobrepasado los 127 dólares el barril de Brent, podría hacer bajar la demanda del mismo.

“Ustedes ven lo que pasa cuando la demanda aumenta. El mercado reacciona y la gente comienza a utilizar el petróleo de manera más eficaz. El precio del agua es algo que no se mueve en absoluto”, apunta.

Peter Brabeck respondía a cuestiones antes y después de una conferencia en Ginebra, en el curso de la cual ha evocado los desafíos que constituye la cobertura de las necesidades en agua, en energía y en alimentación de una población mundial que podría alcanzar los diez mil millones de habitantes, según un informe de las Naciones unidas publicado una semana antes.

Se hace eco de las opiniones expresadas este año en el Foro económico mundial de Davos, según las cuales no habría que dejar que los biocarburantes engullan todos los preciosos recursos disponibles.

“Una de las primera decisiones que debemos tomar es no utilizar comida para producir combustibles”, ha dicho, añadiendo que ni siquiera los biocarburantes de segunda generación, que utilizan materias primas no alimentarias, serían la solución.

Según él, los biocarburantes de segunda generación no lograrán nunca producir la cantidad de biomasa necesaria para alcanzar los ambiciosos objetivos fijados por gobiernos preocupados por aumentar la proporción de biocarburantes en el consumo de energía.

En Davos, Peter Brabeck había afirmado que la negativa a usar productos alimentarios para fabricar carburantes contribuiría poner un dique a la inflación de los precios alimentarios.

Reafirmaba el 10 de mayo que la escalada de la cotización de las materias primas era la causa primera de los disturbios que estallaron en África del Norte y en Oriente Medio.

“La primavera árabe ha comenzado verdaderamente cuando los gobiernos han tenido que aumentar los precios de los comestibles. La parte política ha venido después. ha sobrevenido porque la gente ha sido empujada a una pobreza extrema”, añadía.

La indignación de Riccardo Petrella

“La idea misma de una bolsa del agua es peligrosa, inútil, ineficaz… como es el caso de la bolsa de las semillas, de la bolsa del trigo, del petróleo, del aire…, reacciona Riccardo Petrella.

¿Cómo podemos confiar a un pequeño grupo de operadores financieros, privilegiados por añadidura, animados por el apetito de rendimiento especulativo a corto plazo, la responsabilidad de “regular” la salvaguardia, la valorización y el uso del agua, un bien “sagrado”, ya que esencial e insustituible para la vida y el vivir juntos como es el agua?

¿Confiamos a la bolsa del armamento la responsabilidad de la defensa de un país?
La bolsa del agua significaría la completa confiscación a los pueblos de la tierra de un bien común insustituible para la vida.

Según la FAO, la bolsa del trigo no ha impedido que la subida del precio del trigo se traduzca, entre otros factores, por un aumento de las personas hambrientas, cuyo número ha sobrepasado en 2010 los novecientos millones, y por el empobrecimiento de otros 44 millones de seres humanos ¡mientras el provecho de los grandes grupos multinacionales agroalimentarios ha alcanzado niveles record en 2010!

Confiar el agua a la bolsa significa confiar el devenir de la vida de miles de millones de personas al poder de enriquecimiento de unos pocos.

La bolsa del agua es una proposición irresponsable y ridícula.

El tema de la escasez de agua es un argumento abusivamente utilizado por Brabeck y compañía para proponer el precio elevado/ el mercado/ la bolsa del agua…

Es importante recordar con fuerza a los propagandistas del agua escasa, luego cara, luego “oro azul”, que la escasez es el resultado de nuestras políticas de crecimiento económico predador, de nuestros usos no sostenibles, de nuestra incapacidad de compartir los bienes comunes y asumir también la co-responsabilidad financiera de los mismos, del desprecio total de los grupos sociales dominantes por el derecho a la vida de los pueblos, de todos los pueblos.

¡O sea que no podemos dejar a estos grupos que son responsables de la escasez, la tarea y el poder de imponer su irresponsabilidad! Sería indecente.

Propongo, por el contrario, que el agua sea confiada en tanto que bien común público a la responsabilidad de los ciudadanos, a partir de las comunidades locales (pueblos, barrios, ciudades…), hasta la comunidad mundial por mecanismos circulares y en espiral de subsidiariedad y co-responsabilidad.

Esa nueva idea de “bolsa mundial del agua” es tan inepta, ridícula como escandalosa: una especie de nueva autoridad mundial dominada por los grandes operadores financieros especulativos privados, mientras las grandes compañías multinacionales privadas, confundidos todos los sectores, rechazan de manera arrogante la institución de una autoridad pública mundial del agua descentralizada, abierta, democrática.

Para ellos, la democracia que vale es únicamente la oligarquía de los (grandes) accionistas.

La lucha continúa.”

Traducido del articulo de Eaux glacées

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